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Terra
La Coctelera

De lo que cabe en una foto

¿Cuánto cabe en una una foto?

Estoy dejando de lado todo aquello que nos pueda sugerir una imagen, cariño, rechazo o evocación de recuerdos. Todo ello es acudir a un territorio común del fotógrafo y del espectador o, incluso, generar sensaciones con las que el autor no contaba, pero eso es parte de la magia de los medios de expresión. Y la fotografía lo es.

Uno hace una foto y, al publicarla, la lanza al mundo, vestidita y peinada como para hacer la comunión, con sus mejores galas, para que pueda ser mirada sin avergonzarse. Y es que las fotos también tiene su vergüencita y su pudor.

Pero no me refiero a eso sino a lo que cabe en una foto, físicamente.

En una foto cabe el Mundo, que se dice pronto, sólo hay que encontrar el punto desde el que tomar la imagen adecuadamente. Da igual la distancia focal de la lente, en una foto caben muchas cosas, lo difícil a veces es elegir qué dejar dentro y qué dejar fuera.

Vayámonos un instante al desierto del Gobi como ejemplo. ¿Cuanto desierto puede caber en una foto? ¿Cuán grande es el desierto? ¿Es más grande que una furgoneta? ¿Cuánto desierto cabe en el desierto? ¿Y furgonetas? ¿Y cielo?

Y si ahora nos vamos a Bangkok, a una ciudad moderna, ¿es el mismo cielo el que se posa sobre otros coches? ¿Cuántos coches pueden caber bajo ese cielo? ¿Cuánta espera?, ¿cuánto aburrimiento?, ¿cuánto espacio?

Una y otra muestran vehículos y cielo, paisajes humanizados o desviculados, territorio agreste una o adecuado para el humano la otra (¿Cuál es cuál?), y todo cabe en una focal similar, pero no, no es lo mismo. En una hay más de lo que debería y en la otra...

Y ahora una de mis fotos

¡Qué verguenza!
Algunos amigos que me quieren mucho me han pedido que deje de decir tonterías sobre las fotos de las demás y que cuelgue alguna foto mía, aquí va una de ellas. Es lo que supongo que se puede llamar un "
retrato panorámico" de mi amiga Cyntia en el Centenillo, Jaén. Mi tierra.



Como es muy larga, aquí sólo he puesto la sección central pero si quieres ver la foto completa pincha
aquí y luego me cuentas qué te ha parecido.

Un beso enorme Cyntia.

Una pregunta para el fotógrafo ubícuo

¿Desde dónde estás mirando?

La impresionante foto de arriba está tomada en una morgue de Gaza, donde el fotógrafo español Emilio Morenetti , el autor, fue secuestrado en octubre pasado durante un sólo día. Hasta ese momento yo no le conocía. Al menos no conocía su nombre hasta que, en esa ocasión, tomó cierta relevancia por las noticias que se publicaron en la prensa. Y yo me preguntaba (y lo sigo haciendo), ¿por qué en casi todos los periódicos de tirada nacional se firman las fotos de agencias sólo con el nombre de la agencia, y no con el del fotógrafo? Algún se lo tendré que preguntar a Raul Cancio, que seguro que de esto sabe un rato largo.

PD.: Sigo prefiriendo las imágenes en blanco y negro a las de color, y el carrete al sensor digital. Y tú, ¿qué piensas?

'El fotógrafo', una historia gráfica

Hoy tocaba una entrada sobre un libro que un servidor ha escrito y que ha visto la luz este fin de semana en la Feria del Libro de Sevilla, se llama 'Mis días como sospechoso' (debería enlazar con alguna página donde se pueda encontrar, pero aun no está reseñado) Pero no, quizá más adelante. No, por que acabo de terminar de leer una estupenda historia gráfica llamada 'El fotógrafo' y no me resisto a escribir sobre ella. Me ha dejado algo 'tocado' la cruda historia.

Los autores son el fotógrafo Didier Lefèvre , que viajó a Afganistán a finales de los años 80 con Médicos Sin Fronteras para hacer un reportaje sobre su trabajo allí, y Emmanuel Guibert , un dibujante amigo del fotógrafo que, a fuego lento y tras veinte años de charlas y de escucharle contar aquel viaje iniciático, dibujó con una sencilla sensibilidad el mundo afgano que su amigo encontró.

Es un cómic muy especial donde los dibujos de uno se mezclan con las fotografías del otro, consiguiendo trasportar a aquella realidad al lector que se acerque con ojos curiosos.
Han logrado algo muy difícil: transmitir la hospitalidad de un pueblo, mostrar lo complicado que es el trabajo del fotógrafo en guerra y el de los médicos humanitarios, que roza lo imposible, y plasmar cómo se simplifican las prioridades cuando se caen cosas tan cotidianas para nosotros que hasta que faltan no apreciamos su valor: de repente una manta sobre el suelo duro es una comodísima cama con la ayuda de un cansancio infinito, y una navaja suiza el mejor bisturí, 'desinfectado' con una manga.

¿Cómo pueden conseguir comunicarlo tan bien cuando el que les lee no ha estado ahí? Al leerlo me lo iba preguntando, de igual forma que cada vez que veo una foto me coloco donde el fotógrafo: ¿Desde dónde está tomado la foto (¿Las fotos se toman o se hacen, se roban o se fabrican, se cazan o se pescan?)?, ¿qué objetivo está usando?, ¿es invisible o se está haciendo notar? y, si es la fotografía de un personaje, ¿cómo se comunica con él?, etc. Saco aquí y ahora estas preguntas de la chistera, aunque tengo intención de que sean el tema de otro post futuro, espero, por que leyendo este cómic me he metido en el dolorido pellejo del 'prota' y he entendido un poco mejor lo que sus fotos me quieren contar.

En la contraportada un breve texto reza: "Saco una de mis cámaras. Cojo el veinte milímetros, un gran angular, para poder encuadrar el suelo. Que sepan dónde he muerto." Tras esto cabe preguntarse, además, ¿por qué toma fotos, esas fotos, así, tan lejos y en peligro?, ¿no tiene miedo? ¿Qué hace con los sentimientos? He escuchado decir a varios espléndidos fotógrafos que admiro, de entre los que se han acercado a la oscuridad a través de un visor, desde James Nachtwey a Raúl Cancio, que la cámara te ayuda a distanciarte, a no ceder, a no sentir la crudeza. Pero, ¿hasta qué punto puede uno aguantar? En un momento de la historia, Didier está fotografiando a dos médicos intervenir, usando únicamente el haz de dos linternas, intentando salvar a una niña a la que una pieza de metralla del tamaño de un grano de arroz le ha diseccionado la columna vertebral y la ha dejado inválida. En su diario confiesa que se bloqueó y sólo pudo sentarse en cuclillas en la oscuridad y llorar. Necesitaba salir a la noche y cuando lo hizo, la madre de un niño muerto por una mina, entre lágrimas, le pedía que siguiese tomando fotos para que así la gente supiese. Y volvió dentro de nuevo. El fotógrafo como testigo.

Sarkozy y Giménez

El pasado sábado día 21 de abril, la primera de El País mostraba la foto que, para mí, mejor dibuja a Sarkozy: montado a caballo y sonriendo como un personaje del fantástico cómic "Una, grande y libre" de Carlos Giménez.

No pude evitarlo. Al ver las típicas gafas de piloto con cristal de espejo, la forzada sonrisa arrugándole las mejillas y el pulgar levantado para el fotógrafo, recordé de pronto a alguno de los fachas-personajes de aquella historieta. Sólo le falta el bigotito. En esta foto de la agencia EFE, Sarko parece una caricatura de sí mismo.

Estos días, en plena campaña de la segunda vuelta de las elecciones francesas, ambos candidatos están siendo escudriñados hasta en sus más aparentemente inofensivas manifestaciones. La vestimenta no queda fuera de estudio. Segolene siempre elegante, siempre mujer, siempre sonriente, siempre sosa, con vestidos de un diseñador carísimo, se ve. Y Sarko siempre discreto (en la vestimenta, se entiende), de corte oscuro. Bueno, siempre no, en ocasiones como ésta saca el uniforme de vaquero, la camisa de cuadros, que alguna tiene, y las pistolas de plástico, aquellas con la carga de plomos en forma de rosca, y se sube a lomos de un manso caballo blanco. Sonría a la cámara, por favor.

Al menos a él se le ve venir. de eso no hay duda.

Preguntas de cantina: ¿Qué debía estar pensando el fotógrafo? ¿Se frotaría las manos? ¿Se descoyuntaría de risa? ¿Tropezaría de la emoción y se caería hacia atrás golpeándose la cabeza con una boñiga de vaca? ¿Se iría luego a tomar unas copas con Sarko y su agente de prensa a un hotel de lujo? ¿O a la cantina de menú a 4€ a codearse con el pueblo? Quién sabe.

Comenzamos con premios

Hoy es el primer día en que escribo este recién nacido blog y coincide, curiosamente, con la publicación de los premios Ortega y Gasset 2007 de periodismo. La ganadora en la la categoría de periodismo gráfico ha sido Desireé Martín Peraza por su fotografía Cayuco en las costas de Tenerife. Así me siento obligado a mostrarla.

Hoy día 26, El País ha abierto en primera con esta foto y dentro, leyendo un artículo sobre los premios titulado "cien manos para atrapar al vuelo una botella de agua", J.P. nos da una idea de cómo la consiguió. No es tan fácil.


"Permaneció subida durante cuatro horas en el rompeolas del puerto de los Cristianos esperando el desembarco del cayuco. Era un caluroso 21 de marzo de 2006[...] durmió otra noche más en el puerto, dentro de su coche, para no perderse la llegada de las embarcaciones con el pasaje más desgraciado que pisa las costas de Canarias."


Consiguió una gran foto pero no era la primera que tenía en la cabeza para estrenarme, por que uno tiene sus debilidades, y una de las mías es la foto que ha ganado el Pulitzer este año, del israelita Oded Bality, de sólo 28 años. Y el World Press photo en la sección de gente en las noticias. Grandísima foto. Y una debilidad.


Hacer foto con esta realidad en frente tampoco debe de ser fácil. ¿Usas la cámara como denuncia, como escudo. o sientes que se te cae de las manos entre temblores...?


Y la próxima sobre Sarkozy...